La obra, que fue presentada hacia fines de octubre del 2008, pertenece al ingeniero Eduardo Antonio Pastoriza. Revela, a través de las 250 páginas de su libro, cómo se articuló a espaldas del pueblo un verdadero fraude, en medio del cual la gran perjudicada ha resultado ser la provincia de Catamarca y, confirma además, que las riquezas metalíferas que han salido de las entrañas de la tierra no alcanzan a mitigar los sufrimientos de una mayoría de pobres, indigentes y menesterosos, que pasarán por este mundo sin saber jamás que nacieron sobre un territorio como pocos hay en el país. Los que si lo saben, lamentablemente, han participado de la entrega o han preferido mirar para otro lado, con una falta de compromiso que a esta altura de los tiempos es la vergüenza mayor.
La explicación sencilla, llana, medulosa y con las pruebas que avalan los hechos sucedidos a lo largo del último medio siglo de lo antedicho se incluye en “El gran despojo”, un libro que debería leer hasta el más humilde de los catamarqueños para tomar verdadera dimensión de lo que fue este bien llamado “Gran despojo”.
Pastoriza es toda una autoridad en materia de minería. Por su condición de ingeniero civil ejerció la docencia en la Escuela de Minería y durante 24 años en la facultad de Ingeniería en Minas de la Universidad Nacional de Catamarca. Además, conoce como nadie la legislación minera y los alcances de los distintos yacimientos por su actuación en otros tiempos como director de YMAD.
Precisamente los vaivenes de la empresa Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio a lo largo de la historia ocupan una buena parte del libro. Desde su creación en 1958 hasta nuestros días, pasando por las circunstancias que rodearon a los distintos gobiernos, civiles o militares, que les tocó actuar. Así nos enteramos que, especialmente durante los mandatos de facto, se intentaron numerosos negociados que solamente las acciones del pueblo los conjuró. Por ejemplo, después de la caída de Perón en 1955, se pretendió entregar el área minera a la Nacional Lead Limited o, durante el mandato de Juan Carlos Onganía, se intentó hacer lo mismo con la famosa Cities Service. En éstos y otros casos, Pastoriza destaca la acción de gremialistas como el extinto Manuel Isauro Molina o de políticos como don Vicente Leónides Saadi para defender el patrimonio de la provincia.
Las maquinaciones por atrapar la riqueza de más de cien mil millones de pesos se aquietó durante varios años hasta llegar a los 90, cuando se comienza a consumar el gran despojo que hoy debe llorar el conjunto de los catamarqueños.
Otro Saadi, en este caso Ramón, tuvo una corta pero trascendente participación en esta triste historia. En 1990, a escasos meses de ser intervenido su gobierno por el ex presidente Menem, se firmaron los primeros convenios de exploración con empresas mutinacionales. Fue el principio del fin.
Después llegó la conducción radical que hasta hoy gobierna Catamarca para completar las operaciones más viles a favor de los intereses extranjeros. Junto con el menemismo, firmó un convenio leonino en 1992 (el único que se opuso y terminó renunciando a su puesto de director de YMAD fue el doctor Ricardo “Quilo” Herrera). Catamarca no solo ponía en juego su yacimiento más preciado, sino que también se convertía en avalista de los préstamos que necesitaban las multinacionales para ejecutar la explotación del oro, el cobre, el molibdeno, etc. Es decir ponía todo, el yacimiento y el dinero. Por sus riquezas de más de 110 millones de pesos, a la vuelta de quince años, ha recibido mil millones, menos del 1%. Pero no solo eso apunta el libro: detalla como, entre gallos y medianoche, se cambiaron los contratos (siempre a favor del “inversor”); como los extranjeros manejan cómodamente el comité decidor con mayoría propia; la ausencia total de controles del material que sale de la mina y va al puerto de Rosario; la mentira de las obras que se iban a hacer en Catamarca y de las expectativas truncas del empleo de la mano de obra local; del proceso de contaminación que tarde o temprano emergerá con toda la fuerza y de los cambios que se iban a dar en ciudades como Andalgalá, Belén y Santa María que, además del “gran despojo”, fueron víctimas del “gran fraude”.
No existe exageración alguna. Uno de los párrafos del libro nos exime de mayores comentarios: “Más de 60 años de luchas y esfuerzos de los catamarqueños para defender su patrimonio y sus derechos, dos generaciones de entusiastas jóvenes esperanzados en el desarrollo de su provincia, fueron dejados de lado con total impunidad”. (Catamarcaesnoticia.com.ar)
sábado, 14 de marzo de 2009
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Esperemos que los gobernadores de varias provincias tengan en cuentan esta obra para no repetir los mismos "errores" que se cometieron en nuestra querida Catamarca. Además, este legislador consiguió que la Cámara de Diputados investigue el tema Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio, YMAD, Alumbrera, etc.
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