martes, 14 de octubre de 2008

La lucha por hacer pis en la calle - Por Feliciano Salega

Siempre le fue más fácil al macho, que no le lleva más que bajar un cierre o desprender botones, buscar un buen sitio y que el río corra sin diques de contención. Las calles de Barcelona tiene ese no sé qué que las hace tan particulares. Veinte españoles multados por día por hacer pis en la vía pública, no son pocos. Pero a ellas si les pareció escasa la cifra y allí van, en busca de una reivindicación que las ponga a la par con los tíos y les dé un permiso para mear sentadas o como les ayude Dios.
La idea ha surgido de un colectivo feminista que ha confesado que lo hace como “lucha feminista de género” y como protesta por la “inmundicia de los poquísimos y remotos baños públicos que hay en la ciudad”. Las chicas son más organizadas que los chavales porque la campaña va acompañada de un mapa con los espacios que sus impulsoras entienden que reúnen buenas condiciones para hacer pis al aire libre. Y por qué no habría de tener éxito en esta empresa si el descargo de mear viene entre los atributos de ellos y de ellas, y solo la posición cambia y algo de incomodidad para unas y de peligrosidad para otros, teniendo en cuenta que existen cierres traicioneros o botones que se desprenden con pujante facilidad. ¿Quién no ha querido marcar su territorio en la casa de la amada alguna vez? Si fuera el alcalde de aquellos pagos no dudaría en consentir la iniciativa popular porque saldría más barata que construir nuevos baños públicos y hasta se le puede sacar alguna ventajilla turística si se promociona al pueblo como el único donde las mujeres abandonaron el jeans por las polleras amplias.

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